Fiestas populares del Cusco con Peru Inca Trail

Fiestas populares del Cusco: El cusqueño y, en general, el peruano, es un pueblo festivo por excelencia, que ha convertido las celebraciones religiosas en verdaderas fiestas populares donde son tan importantes las ceremonias y los cultos como los bailes, las comidas y la bebida. Por ejemplo, hay comidas típicas que se preparan sólo para determinadas fiestas, y otro tanto ocurre con los bailes. Otras fiestas, que no tienen el encanto ni la antigua tradición secular de las festividades religiosas, son las que han surgido en las últimas décadas con el fin de fomentar el flujo de visitantes al Cusco y sus pueblos colindantes. Este es el caso de la moderna conmemoración del Inti Raymi, evocación de la antigua festividad en caica que se empezó a representar anualmente desde 1944 como un espectáculo de interés para los turistas.

Las más importantes festividades cusqueñas son: la Semana Santa, con sus procesiones de Lunes Santo y Viernes Santo, entre los meses de marzo y abril; la Velación de la Cruz o “Cruzve- lakuy”, la noche del dos de mayo; y el Corpus Christi, la fiesta más querida por los cusqueños, que, por ser fiesta movible como la Semana Santa, se celebra entre mayo y junio. A estas fiestas hay que sumar dos que se realizan en lugares un tanto alejados del Cusco, pero que igualan en originalidad y belleza a las fiestas de la ciudad: la fiesta del Señor de Q’oyllur Ritti, que se realiza en fecha movible entre mayo y junio en las faldas del nevado Sinakara, en la cordillera del Ausangate; y la fiesta de la Virgen del Carmen, que tiene lugar en Paucartambo, pueblo a cinco horas del Cusco, el 16 de julio.

El Lunes Santo

Desde 1650, año en que un violento terremoto dejó en escombros la ciudad del Cusco, cada lunes de Semana Santa se realiza la procesión del Señor de los Temblores, imagen de Cristo crucificado considerada protectora de la ciudad. La procesión del “Taytacha Temblores” convoca multitudes y en el momento de la bendición, pasadas las siete de la noche, instantes antes de que la imagen entre de nuevo a la Catedral, la plaza mayor de la ciudad está llena de un mar de personas arrodilladas y enmudecidas. Esta fiesta es la única en la que el recogimiento y la devoción no dejan lugar a los bailes y la bebida. No obstante, después de la procesión se saborean las empanadas de Semana Santa, pastelillo típico de esta fecha.

El Cruz Velakuy

cruz velacuy en la ciudad del cuscoLa noche del dos al tres de mayo, todas las cruces que nay en calles y plazas de la ciudad, así como en los cerros vecinos, son motivo de un velatorio festivo y multitudinario. Las cruces son “vestidas” con telas bordadas y se come, bebe y baila delante de ellas hasta el amanecer.

El Corpus Christi

Pocos años después de la llegada de Pizarro al Cusco se empezó a celebrar con toda pompa esa fiesta en honor del Santísimo Sacramento, conocida en el mundo católico como Corpus Christi. Ya el Inca Garcilaso da noticia de ello en sus Comentarios reales: “Los indios de cada repartimiento pasaban con sus andas… Llevaban sus tambores, flautas, caracoles y otros instrumentos rústicos. Los cantares que iban diciendo eran en loor de Dios Nuestro Señor, dándole las gracias por la merced que les había hecho en traerlos a su verdadero conocimiento”.

La verdad es que el Corpus Christi se convirtió en la continuación de una tradicional celebración incaica. Existe una gran similitud entre el antiguo desfile de las momias de los incas en la plaza del Cusco para recibir la bendición del Inti o dios Sol y el “solear” de las imágenes católicas sagradas antes de engalanarlas para la procesión. Y los bailes, comidas y bebidas que se realizan luego de los cultos, se asemejan a los festines, convidados por los gobernantes, con los que culminaban las celebraciones religiosas en tiempos de los incas. Más aún, por ser una festividad que se celebra entre mayo y junio, sesenta días después del domingo de Pascua de Resurrección, su celebración coincidió con el período más importante del calendario ceremonial incaico, el de la finalización de las labores agrícolas, tiempo de honra y gratitud al dios Inti y a los antepasados.

corpus christi en la ciudad del cusco toursAsimismo, el plato típico que se degusta en esta fiesta, el chiri uchu (ají o picante frío), cuyo ingrediente principal es el cuy al horno, acompañado de maíz tostado, cecina, gallina y productos marinos, como algas y huevera de pescado, recuerda las ofrendas de alimentos cocidos y sazonados que los antiguos peruanos hacían a sus dioses y sus muertos, que luego también comía todo el pueblo.

La curiosa costumbre de “solear” a la Virgen de Belén antes de engalanarla para el Corpus Christi y de hacer lo mismo con las imágenes de la iglesia de San Cristóbal con ocasión del Corpus de la parroquia, tendría su origen en la fiesta incaica conocida como qochakuy, que consistía precisamente en exponer a los rayos del sol las momias de los antepasados.

Cada una de las quince imágenes de santos y vírgenes que se reúnen en la Catedral del Cusco para la procesión del Corpus Christi tiene fieles que le guardan especial devoción. Para estos creyentes las actividades relacionadas con la fiesta del Corpus se realizan a lo largo de todo el año, empezando, como en el caso de la Virgen de Belén, por las novenas de Reyes, los primeros días de enero.

El honor más grande para un devoto es recibir el cargo de mayordomo de alguna de las imágenes sagradas, lo cual implica organizar y correr con los gastos que ocasiona engalanar y honrar la imagen de su devoción con motivo del Corpus. Este es un honor que pocos creyentes alcanzan; en cambio, son muchos los que durante los meses previos al Corpus son “jurcados” o comprometidos por los mayordomos para colaborar con las celebraciones.

Muchos días antes del Corpus, el mayordomo y sus allegados visten las imágenes de santos y vírgenes con sus más bellas prendas y con delicadas joyas de oro y plata. La fiesta se inicia cuando la Virgen de Belén, el Domingo de Pentecostés once días antes del Corpus—, deja su templo y en hombros de los fieles marcha a la iglesia de Santa Clara.

El miércoles, la víspera del día central, las imágenes de muchas iglesias, algunas de ellas distantes varios kilómetros de la ciudad, inician a su vez su recorrido a Santa Clara, punto de encuentro de santos y vírgenes. Desde aquí, a eso del medio día, arranca la procesión de Entrada de Corpus. Cada creyente sigue a la imagen de su devoción, que en descomunal algarabía es acompañada por mayordomos, bandas de músicos, cuadrillas de danzarines y el tronar de los cohetes.

Dos horas después, santos y vírgenes ingresan uno a uno a la Catedral, de donde saldrán al día siguiente para la procesión del Corpus Christi y donde permanecerán durante una semana, en la que serán visitados por miles de creyentes. El séquito de cada imagen, entre tanto, se sitúa en un lugar acostumbrado en el atrio de la iglesia para celebrar la fiesta comiendo, bebiendo y bailando hasta el amanecer.

El jueves, desde tempranas horas de la mañana, decenas de miles de cusqueños se congregan en la Plaza Mayor para presenciar la procesión. Cerca al mediodía, bajo un sol enceguecedor y un límpido cielo azul, contemplarán el paso de una impresionante carroza de plata verdadera obra maestra de orfebrería en cuyo templete ha sido colocada la custodia del Santísimo Sacramento. Luego, cuando la carroza y las dignidades eclesiáticas regresen a la Catedral, les tocará el turno a las imágenes de santos y vírgenes.

Detalles muy importantes de la colorida procesión son la elegancia de los trajes y la gracia de las joyas. Es también tradicional la carrera que realizan los fieles de San Jerónimo y los de San Sebastián para que su santo llegue primero a la Plaza mayor del Cusco. Un dato anecdótico es que la dentadura del fornido San Cristóbal estaría hecha con los dientes del Inca Sayri Túpac, uno de los incas rebeldes de Vilcabamba, que se sometió a la corona española y se hizo cristiano en 1558.

Después de la procesión, los cusqueños festejan el Corpus comiendo, bebiendo y bailando con gran algarabía, primero bajo el fuerte sol de los días despejados de mayo o junio y luego a la luz de la luna, sin importarles el frío de la noche andina. Esta escena se repite a los siete días, en la octava de Corpus, cuando las imágenes que están en la Catedral regresan a sus iglesias de origen.

El Señor de Q’oyllur Ritti

Qoyllority en la ciudad del cuscoLos cusqueños llaman Señor de Q’oyllur Ritti (‘Señor de la Estrella de la Nieve’ o ‘Señor de la Nieve Resplandeciente) a una imagen de Cristo dibujada en una piedra que, según la tradición, se le apareció al niño pastor Marianito Mayta a fines del siglo XVII en la quebrada de Sinakara, a los pies del nevado del mismo nombre, en el macizo de Qolkepunku, sobre la cordillera del Vil- cañota (al SE de la ciudad del Cusco, en la provincia de Quispicanchi). Desde entonces, la víspera del Corpus Christi, los días lunes y martes, llegan miles de cusqueños en peregrinación al santuario construido en ese lugar. Es una celebración que se confunde con los antiguos honores andinos a los apus o montañas nevadas divinas.

Varios son los motivos que hacen atractiva esta fiesta indígena: en primer lugar, la majestuosidad del paraje donde se realiza, en las faldas de un nevado, sobre los 4 500 msnm; en segundo lugar, las coloridas danzas con las que los distintos pueblos de la región rinden homenaje al Señor de la Montaña; en tercer lugar, la presencia de los “pabluchas” o “ukukus”, personajes disfrazados de la cabeza a los pies con prendas de lana que representan animales míticos y que ascienden al glaciar en búsqueda de bloques de hielo que luego transportarán como ofrenda hasta la Catedral del Cusco; en cuarto lugar, la procesión nocturna que se realiza entre el martes y el miércoles por la cresta del nevado, desde el santuario hasta Tayankani, una capilla cercana al pueblo de Ocongate.  Pocos son los turistas que llegan a esta festividad, pero los que tienen la oportunidad de hacerlo viven una experiencia singular.

Virgen de Paucartambo

virgen de paucartamboUn pequeño pero hermoso puente de piedra construido en tiempos de la Colonia es la puerta de entrada al pueblo de Paucartambo. A él se llega tras cuatro horas de recorrido por una carretera sólo asfaltada en un pequeño tramo. Por su estratégica ubicación en los accesos a los ricos territorios selváticos de la zona oriental de la región, este poblado tuvo mucha importancia en las épocas incaica y colonial.

La bella fiesta religiosa de la Virgen del Carmen hace que entre el 15 y el 17 de julio de cada año Paucartambo recupere su perdido esplendor. El principal encanto de esta fiesta son los conjuntos de bailarines, que en número mayor al de cualquier otra fiesta cusqueña bailan en honor a la venerada imagen. Los conjuntos que más renombre tienen son los Cápac Colla, los Cápac Chunchu, los Cápac Negro y la Contradanza.

Las danzas de la fiesta de Paucartambo maravillan al espectador no sólo por las coreografías, el colorido de los trajes o la originalidad de las máscaras de los bailarines. Son, además, un resumen gráfico de la historia cusqueña. Por ejemplo, la danza de los Chunchos representa a las etnias selváticas de tiempos incaicos; los Cápac Negro evocan a los esclavos que trabajaban en las haciendas coloniales del oriente cusqueño; finalmente, los Auca Chilenos parodian al invasor del vecino país durante la guerra de fines del siglo XIX.

Como todas las fiestas religiosas andinas, la de la Virgen del Carmen tiene una complicada organización social, así como un elaborado libreto. Parte importante de las celebraciones son ceremonias de carácter religioso circunscritas al espacio del templo. Otra, no menos importante, está relacionada con el baile, la comida y la bebida y reviste un carácter privado, puesto que se desarrolla en las casas del prioste y de los mayordomos de los conjuntos de danza. Son también numerosas las manifestaciones que se desenvuelven en la plaza y las calles de Paucartambo y que combinan la devoción por la Virgen con la vistosidad de las representaciones folclóricas. Las más importantes de tales manifestaciones tienen lugar el día de la víspera, 15 de julio, y el día central de la fiesta, el 16. Una curiosa escenificación, conocida como guerrilla, tiene lugar, asimismo, el tercer día de fiesta, el 17.

Un cohete que es lanzado desde la casa del prioste al mediodía es la señal que da inicio a la fiesta de Paucartambo. Los camaretazos y bombardas que resuenan en toda la población, así como el repique de campanas, son el fondo para la entrada de los conjuntos de danza a eso de la una o dos de la tarde. Cada grupo de bailarines hace el recorrido desde las casas de sus respectivos “carguyoc” hasta el atrio del templo. Aquí, por turnos, cantan y danzan en honor a la Virgen, dando la oportunidad a los visitantes de apreciar la variedad de coreografías y la riqueza y exquisitez de los vestuarios. Por la noche, tras la misa de vísperas, la fiesta se concentra en la plaza del poblado, donde se encienden fogatas y se queman los tradicionales castillos o fuegos artificiales. Las fogatas representan el purgatorio y el infierno, y muchos danzarines saltan encima de ellas, mientras que otros conjuntos prefieren bailar en otro sector de la plaza. Más tarde, cerca de la medianoche, la banda de músicos del prioste inicia la serenata a la Virgen en el atrio del templo. Luego el turno lo toman las bandas de cada uno de los conjuntos. Esa noche, Paucartambo no duerme.

Las ceremonias religiosas más significativas se desarrollan el 16, día central de la fiesta, empezando por la misa de aurora a las cinco de la mañana y la solemne misa de fiesta a las nueve y media. Es tradicional, en esta última ceremonia, la participación de los conjuntos de los Cápac Colla y los Cápac Negro, que rivalizan entonando canciones dedicadas a la Virgen.

Después de la misa, la muchedumbre se vuelca a la plaza para el tradicional bosque. Éste es un tabladillo de madera desde donde los integrantes del conjunto de los Cápac Colla arrojan gran cantidad de frutas de las zonas aledañas de montaña, sobre todo naranjas, así como unas bolsitas llamadas “kintu”, que contienen arroz, café y hojas de coca, además de pequeñas sillas, mesas, ruecas y molinillos fabricados de madera.

Al mediodía, el prioste de la fiesta ofrece un almuerzo a las autoridades y a sus invitados, sirviendo por lo general lechón, tamales y moraya. Almuerzos similares tienen lugar en las casas de los distintos mayordomos de los grupos de baile. Por la tarde, a partir de las tres, se realiza la procesión de la Virgen del Carmen por la plaza y las principales calles del poblado. El momento más singular es cuando los saqra o diablos se esconden al paso de la Virgen en techos y balcones, despertando la inquietud y curiosidad de los fieles con sus alardes de equilibrio.

El 17 de julio, los integrantes de los diferentes conjuntos de danzas realizan una romería al cementerio, adonde llegan, tras bailar por las calles del poblado, para rendir un emotivo homenaje a los bailarines ya fallecidos. Por la tarde, la imagen de la Virgen del Carmen sale en procesión hasta el puente colonial Carlos III, donde da su bendición hacia los cuatro puntos cardinales y hacia el propio río Mapacho, con la finalidad de que sus turbulentas aguas no provoquen estragos en las poblaciones ribereñas.

El evento más esperado por los viajeros que asisten a la fies¬ta, sin embargo, es la guerrilla, una escenificación que enfrenta a los grupos de danzas de chunchos y collas y que simboliza una supuesta rivalidad entre los pobladores del Antisuyo y el Colla- suyo incaicos. Comienza la guerrilla cuando los collas instalan su campamento en la plaza, el mismo que se queda al cuidado de la imilla, la dama colla que es la única mujer que baila en el conjunto. Luego hacen su aparición los chunchos, quienes con engaños se ganan la amistad de los collas para distraerlos y raptar a la “imilla”. Es entonces cuando se entabla un combate entre unos y otros, con un desenlace siempre favorable a los selváticos, cuyo rey pasea sonriente delante del cadáver del jefe colla llevando del brazo a la voluble “imilla”. El punto culminante de esta escenificación es la aparición de los “saqra” o diablos, quienes recogen en carretas a los muertos de uno y otro bando.

La fiesta de la Virgen del Carmen es también una ocasión para visitar Tres Cruces, un paraje ubicado sobre los cuatro mil metros, a una hora de Paucartambo. Allí, en esta época del año, la salida del sol se convierte en un maravilloso espectáculo. Esto se debe a que constituye un balcón en la Cordillera Oriental de los Andes que cuelga sobre los llanos amazónicos.

LA FIESTA DE Q’OYLLUR RITTI

qoyllority-cusco-peruincatrail2En forma oficial, el culto al Señor de Q’oyllur Ritti (‘Estrella de la Nieve’) nace durante los años inmediatamente posteriores a la gran sublevación de Túpac Amaru (1780), pero lo más probable es que el ascenso hasta la Estrella de la Nieve haya sido una peregrinación prehispánica, incluso preincaica. Ahora mismo, la veneración al Señor de Q’oyllur Ritti, con todos los símbolos y rituales cristianos que la acompañan, no puede ocultar que también ésta es una ocasión para ponerse en contacto con los apus y buscar su protección y sus dones.

La fiesta se celebra a fines de mayo o principios de junio, una semana antes de la del Corpus Christi. Dura tres días y se inicia con la llegada de los fieles a la pampa de Si- nakara, a 4 500 metros de altura. La peregrinación parte del pequeño pueblo de Mahuallane, a unas ocho horas del Cusco, en la circunscripción de Ocongate, provincia de Quispicanchi, al cual se accede por un desvío de la carretera Cusco-Quincemil- Puerto Maldonado. El camino de Mahuallane al santuario tiene unos ocho km y es áspero y empinado. Los peregrinos, que aprovechan las nueve cruces que encuentran en la ruta para rezar y descansar, suben por un camino de herradura entonando cánticos y llevando consigo las imágenes veneradas de sus pueblos. Una vez en el santuario, los peregrinos depositan pequeñas piedras que representan sus promesas o súplicas y que colocan, siguiendo la tradición indígena, formando montículos llamados apachetas.

En la pampa en la que se levanta el templo del Señor de las Nieves se congregan alrededor de treinta mil personas. Las delegaciones vienen de todo el Perú e incluso de Bolivia, Chile y el norte de Argentina. Sus miembros, mayoritariamente jóvenes, han sido seleccionados por los ancianos de su pueblo y tienen el encargo de traer de regreso el símbolo del apu, el hielo sagrado, que es, a su vez, símbolo de fertilidad.

El Q’oyllur Ritti no tiene parangón en el mundo andino. Es la celebración indígena más concurrida de América y, a pesar de su sencillez, una de las más espectaculares. Quizás porque todavía no es muy frecuentada por turistas, en ella puede apreciarse la religiosidad andina en todo el esplendor de su contacto con la naturaleza.

La tradición cuenta que a Mariano, un pobre niño pastor, se le apareció otro niño igualmente pobre, el cual todos los días le regalaba un pan que se reproducía milagrosamente. En agradecimiento, Mariano, viendo que su amigo tenía la ropa hecha andrajos, quiso remendársela, y para ello tomó una muestra de la tela y se encaminó a Ocongate, donde ningún comerciante pudo proporcionarle un género igual. Tampoco tuvo suerte en el Cusco, pero en esta ciudad le recomendaron acudir ante el obispo, pues la tela se parecía asombrosamente a la que se usaba para vestir a los santos.

El obispo, intrigado, ordenó al párroco de Ocongate que averiguara la identidad del misterioso niño, pero cuando la comitiva llegó al lugar, Manuel desapareció en medio de un resplandor semejante al de la nieve, y en su lugar quedó una cruz de tayanca, un árbol de la región, con su imagen sangrante. Mariano, al ver esto, cae muerto y es enterrado al pie de la cruz. Poco tiempo después, se descubrió sobre una roca de las cercanías la figura de un Cristo crucificado. El actual templo se alza alrededor de esa imagen, y ésta ha sido adornada con una corona de oro y un faldellín bordado.

La devoción, el carácter multitudinario y el colorido de la celebración son verdaderamente impresionantes. También lo es el paisaje de ese valle agreste al que corona un imponente glaciar, el nevado Sinakara, una ramificación del macizo Ausangate.

Durante tres días, los peregrinos se apiñan en la pampa con sus carpas y tendales, y desde el amanecer se realizan, simultáneamente en diversos puntos del campamento, rezos, procesiones, danzas ceremoniales. Como en toda celebración andina, la música y las vestimentas profusamente ornamentadas son infaltables. Todos los peregrinos buscan hacer patente su origen. Los ccollas, que vienen del Altiplano, con sus hermosas indumentarias típicas; los cápac chunchos, oriundos de la selva, con sus vistosas plumas de guacamayos; los saqsas, hombres del bosque alto, con sus ropas hechas de champas y fibras vegetales crudas. Entre la multitud circulan los ukukos o pabluchas, vestidos de osos, el rostro cubierto con pasamontañas. Son los guardianes de la fiesta, los que con sus silbatos y látigos, en broma y en serio, dando voces agudas, como cantando, encaran a los remolones y díscolos.

Durante tres días, los vientos y tambores de las bandas compiten en sus homenajes al Señor. Aquí y allá se levanta el humo de los restaurantes improvisados que ofrecen potajes andinos: patashca, sopa de habas, de chuño, cuyes, mote, carne de alpaca. En un sector, se compran y se venden, con billetes en miniatura, objetos, también en miniatura, que representan los pedidos que los fieles hacen al Señor: un camión enano, una casita de barro en un palmo de tierra delimitado por piedrecillas, un minúsculo rebaño de ovejas. Son sueños en busca del favor de los dioses.

En la madrugada del tercer día, en medio de la oscuridad, los ukukos inician el ascenso a la cumbre. Al son de sus quenas, zampoñas y tambores, la larguísima fila de jóvenes y niños va a encontrarse con el apu. De pronto, el primer rayo del sol ilumina la nieve. Entonces la música cesa y los ukukos, de rodillas y en un impresionante silencio, se bañan en la potente luz amarilla del amanecer.

Ya en la cumbre, cortan pedazos de hielo, los envuelven cuidadosamente en telas y se los ponen a la espalda. Algunos ukukos cargan estalactitas de más de treinta kilos. Con esos bloques, previa bendición del Señor de Q’oyllur Ritti, y en una perfecta simbiosis de creencias cristianas y pre- hispánicas, emprenderán el largo regreso a sus pueblos. El agua sagrada del Ausan- gate será llevada a bendecir a sus iglesias y será vertida en los campos y sobre las mujeres de sus pueblos. De esa manera la fertilidad de éstas y aquéllos quedará asegurada.